Que no se anticipe el desgaste de los dientes

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Morderse las uñas, chupar cítricos en su estado más ácido, ya sea una naranja o limón, cortar el hilo de costura o abrir latas de gaseosas con los dientes son algunos de los hábitos más dañinos que ocasionan el desgaste de los mismos a largo plazo.

Según la página Propdental, los dientes se desgastan unos 0,3 milímetros cada 10 años de vida; un proceso que va acompañado de un retroceso de las encías y deterioro del esmalte dando la impresión de que los dientes se hacen más largos. Sin embargo, esto es normal ya que, como sucede con el resto del organismo, a medida que se avanza en edad, la dentadura se hace más sensible y empieza a agrietarse con los pequeños golpes del día a día.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología resalta la importancia que tiene una salud bucal adecuada a lo largo de toda la vida para prevenir este tipo de problemas y evitar un deterioro más temprano de los dientes. De igual manera, advierte que el desgaste y la erosión dental afecta a todas las edades, por lo que es importante consultar con un odontólogo para hablar sobre las opciones para tratar la situación y, si es del caso, el tipo de tratamiento estético. Fundamental, actuar a tiempo.

Los 3 tipos de desgastes más comunes

  • Erosión: Es bastante común y suele aparecer con la edad. La erosión moderada no debe ser un problema, sin embargo, casos más severos pueden resultar en dolor o sensibilidad. El desgaste fisiológico se da por los movimientos circulares de la mandíbula, ocasionando que los dientes se rocen afectando las coronas dentarias. Los casos más extremos son causados por el bruxismo (el rechinar involuntario de los dientes).
  • Abrasión: Es ocasionada por sustancias tales como ácidos gástricos, medicamentos, determinados alimentos, entre otros que afectan tanto al esmalte como las encías, lo que puede hacer que los dientes se vuelvan más sensibles a distintas temperaturas y también provoca que ellos estén más propensos a las caries.
  • Fricción: Si se emplea demasiada fuerza a la hora de cepillarse los dientes, se puede provocar el desgaste por fricción, sobre todo cuando el cepillo tiene cerdas duras en lugar de suaves. Eso conlleva a la pérdida del esmalte, ocasionando sensibilidad y disminuyendo la protección contra bacterias.

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